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MariaReina de la Paz

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“Sed santos, porque yo, el Señor, vuestro Dios, soy santo”

por Comunidad de Taizé
14 de marzo de 2017
Meditación bíblica sobre Levítico 19

Puedes leer el capítulo entero aquí (abre en una nueva ventana)

“Sed santos, porque yo, el Señor, vuestro Dios, soy santo”.

Estas palabras del libro del Levítico suponen una de las invitaciones más poderosas que podemos encontrar en la Biblia. Han sido grabadas aquí para tener la mayor resonancia posible. Dios no le pide a Moisés que las transmita a unos pocos elegidos, sino a toda la comunidad de Israel.

Pero ¿de qué se trata esta santidad? En primer lugar, constatamos que el versículo 2 habla de ser santo no “como” Dios es santo, sino “porque” Dios es santo. La santidad no es cuestión de intentar ser como Dios. Dios es distinto a nosotros.

En las Escrituras hebreas, la santidad puede adquirir matices diversos. En ocasiones el pueblo de Dios es llamado o considerado santo simplemente porque Dios lo ha escogido. Si Dios guía a sus fieles y hace de ellos su pueblo, ellos comparten el ser de Dios: son santos. En este sentido, la santidad sugiere también un cambio de dirección u orientación. Consiste en dejarse conducir junto con otros por Dios y en adentrarse con él por un camino nuevo y todavía desconocido.

En Levítico 19 vemos asimismo cómo la santidad puede adquirir un significado muy práctico. El capítulo habla de diferentes tareas a llevar a cabo, como si la santidad fuera algo a realizar en y a través de nuestras vidas. Esto implica escuchar y actuar, aprender a permitir que la palabra de Dios impregne los variados aspectos de nuestra existencia. Se trata de dejar que la presencia de Dios, su santidad, brillen en lo cotidiano de nuestra vida, transformándola desde el interior.

La lista de mandamientos dados en este capítulo es larga y variada. Algunos suenan peculiares a nuestros oídos, pero también los hay que apelan directamente al corazón de nuestras vidas. Nos llevan del ámbito de lo sagrado (ídolos y sacrificios) al mundo del trabajo (cosecha y sueldos) y de las relaciones interpersonales (sordos y ciegos, pobres) al mundo interior de los pensamientos y los sentimientos (odio y venganza). A intervalos regulares, quedan puntuados con la expresión palabras “Yo soy el Señor”.

Apenas se habla de las consecuencias, de lo que ocurriría si este o aquel mandamiento fuera o no observado. Sólo se nos dice que Dios está presente en las diferentes situaciones evocadas por los mandamientos. A medida que leemos, una unidad profunda emerge, como si la santidad consistiera en gran parte en ver nuestras vidas como un todo unificado ante Dios. A Dios le importa tanto la manera en que nos relacionamos con él como con los demás. “Amarás a tu prójimo como a ti mismo. Yo soy el Señor”. (v. 18). Y en las relaciones interpersonales, Dios se preocupa tanto por lo que se ve (actuar de manera engañosa) como por lo invisible (odiar al hermano en el corazón).

La santidad no puede ser impuesta. Se trata de vivir una vida transformada por la presencia de Dios en este mundo.

- ¿Qué versículos del capítulo me resuenan más profundamente?

- ¿Cuáles de ellos son particularmente relevantes en nuestro mundo de hoy?

- ¿Cuáles parecen pertenecer a otro tiempo?

- ¿Qué imagen de Dios se desprende del pasaje en su conjunto?

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